Osteria Trattoria da Fortunata
Si pasas junto a la Trattoria da Fortunata, seguramente veas a una señora elaborando pasta a mano junto a la ventana, una invitación irresistible a entrar y probar un delicioso plato de fettuccine. ¿O no? Este local en los alrededores de la plaza Navona es el lugar perfecto para saciar el hambre durante un recorrido por el centro histórico.
Puedes elegir tu combinación favorita de pasta y salsa, ya sean los rizados strozzapreti, los lazos finos o tagliolini, los ñoquis, los lazos gruesos o sciavatelli, o los archiconocidos ravioli. En cuanto a salsas, tienes la de cerdo y tomate (amatriciana), rabo de buey (coda alla vaccinara), beicon y pecorino. También puedes pedir las recomendaciones de la casa o seguir la nuestra: la pasta gricia, una especialidad romana que se considera la antepasada de la amatriciana y que deriva de una receta de queso y pimienta a la que los pastores añadían manteca y beicon.
Trecca - Cucina di Mercato
Entre sus exquisiteces destacamos el revuelto de vísceras de pollo con patatas (padellotto alla macellara con frattaglie di pollo e patate), la falda de cerdo (pancia di maiale) o la carrillada y ensalada (guancia con misticanza). De postre, la tarta de ricotta y cereza agria es la que más triunfa. Trecca es, básicamente, un lugar imprescindible para probar los platos más auténticos y menos conocidos de la gastronomía romana.
Por su parte, la carta de vinos revela un gusto exquisito con una selección muy cuidada que el personal del local te describirá para que puedas elegir el que maride mejor con tu plato. Si no sabes qué pedir, empieza con la ensalada de chipirones y espárragos (insalata di seppie e asparagi), sigue con la pasta de azafrán con gambas y ragú de brócoli (maltagliati allo zafferano con ragù di gamberi e broccolo) y, como plato principal, elige el pescado fresco, ya sea al horno o a la brasa.
Si prefieres probar alguna especialidad romana en lugar de la pizza, puedes empezar con las frituras de la casa (fritti della casa), como las flores de calabacín con anchoas y mozzarella, seguidas de macarrones con salsa de rabo de buey (rigatoni al sugo di coda) o un exquisito plato de carbonara. De postre, mímate con una tarta de ricotta, pera o chocolate. Todos estos dulces, incluidos los profiteroles, se preparan allí mismo.
Y puedes elegir el tamaño de tu porción: una, dos o tres codornices, según el apetito que traigas. Si prefieres los clásicos, el menú también incluye diversas especialidades locales, desde pasta con cerdo y tomate, la famosa amatriciana, hasta alubias con cortezas de cerdo, llamadas fagioli con le cotiche. Por su parte, las bolas de arroz de la zona, los supplìs, se preparan al momento y se fríen en aceite de oliva virgen extra para darle un sabor más auténtico. Son el entrante perfecto.